La cabeza amuebla el cuerpo como quiere.

Al plantearme escribir acerca del «efecto placebo» sentí cierta contradicción, un amor odio que terminó envolviéndome en una profunda curiosidad, incluso diría cierto alivio. Me hizo ver la potencia de nuestros pensamientos, de nuestras expectativas, haciéndonos así protagonistas activos en el control de nuestro alrededor, de nuestro propio cuerpo. Que poder alberga en su cabeza  el  ser humano, y que mal entrenados estamos.

Rápidamente empecé a aplicar este efecto en todas las dimensiones vitales, vi claro cómo podemos obtener bienestar, con la calidad de nuestro pensamiento, de nuestras ideas, de nuestras asociaciones, con unas expectativas sanas y positivas (muy contrariamente a lo que nos han enseñado, («ponte en lo peor y no sufrirás tanto»). Auto percepciones físicas, reacciones, actitudes de los demás, sucesos, objetos, puestos de trabajo, todo puede estar bajo efecto de un placebo determinado,  que nosotros mismos nos podemos auto administrar. Vamos a ir por partes, que esto va más allá de la antesala que debemos pasar. 

Placebo viene del latín y significa complacer. El efecto placebo aparece alrededor de 1700 para tratar a personas cuando ya no había tratamiento alguno, o cuando no se encontraba causa biológica, utilizando un compuesto sin principios activos que provocaban una mejora del estado de salud.

El placebo puede producir cambios físicos y psicológicos que mejoran el estado de salud del individuo. Al parecer, liberan unos neurotransmisores que ayudan entre otros efectos, a tolerar el dolor.  El placebo modifica la percepción subjetiva de un estado, las sensaciones y sobre todo las expectativas de cambio.

Este efecto placebo parece magia, pero no lo es, de hecho el cerebro produce sus propios fármacos, como las endorfinas, provocando un estado de bienestar y alivio del dolor. El efecto placebo es el resultado de la química neuronal que, gracias a la investigación, nos sitúa, más si cabe, en la importancia de esa educación emocional activa, en el cuidado de factores contextuales en medicina, en la importancia de los mensajes que se manejan entre paciente y sanitario y, sobre todo, del entrenamiento en pensamiento y expectativas sanas de futuro.

“Que medicina natural tan maravillosa el poder de la mente”.

Si aun no te has convencido, hay mas, el “gemelo maligno” del placebo, el efecto nocebo, es decir, el resultado negativo en la salud, derivado de un tratamiento sin principio activo  asociado a ideas y expectativas altamente negativas de sus efectos, nos convencemos firmemente del daño que nos va a hacer, y finalmente nos lo hace.

Sin más rodeo, os pregunto: ¿Y ahora?, ¿Te convence trabajar tus pensamientos y expectativas acerca de ti mismo y tu alrededor?

El placebo tiene una gran relación con las expectativas de futuro. Hoy, más que nunca, debemos entrenar nuestra mente, debemos aprender a esperar buenos resultados. Nos merecemos, aún en situación hostil, conseguir lo mejor de nosotr@s.

Vamos a acabar con la frase “piensa bien y acertarás”y la sustituiremos por “piensa bien y lo sentirás”.

¿Te apuntas al cambio?

Lourdes Marín Rodríguez.
Licenciada en Psicología por la Universidad de Sevilla y La Sapienza (Roma). 

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1 Comment

  1. Absolutamente cierto. La escena: la familia muy preocupada, la fiebre del hijo es muy alta y no cesa,el ambiente más que eléctrico. Llega el médico, ausculta y receta y el ambiente deviene en placentero, incluso antes de tomar el fármaco.
    Gracia Lourdes por tu articulo

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