PINTURA: Andrés Mérida

Obra original de la portada. El jardín de los duendes. Óleo-Tela. 97x195 cm.
Portada NJOY marzo 2021

Los relatos azules de Mérida.

La mancha es el origen. El instante intenso que brota espontáneo como un color, igual que un trazo, que aún no saben del todo sobre el cartón ni el lienzo el significante de su naturaleza. Un enigma que descubrir y resolver. Le gusta ese reto a Andrés Mérida. Se define, telúrico y hedonista, a través de esa magia que enferma felizmente su mirada de pareidolia: un rostro en una nube, una figura en un objeto, en la pared la cartografía de una isla. Donde para muchos la mancha es sombra, grumo, nada, Andrés Mérida atisba el inicio de una imagen que lo reclama. Su desenlace es lo que la mano de este artista traza mediante la respiración del dibujo.

Por amor al arte

La destreza del arte, su sintaxis, el equilibrio entre la idea y la ejecución, el conocimiento y la expresión. La disciplina con la que observa y piensa la figuración que va construyendo y a la que más adelante mutará de color, de anchura y profundidad acorde al movimiento inmóvil del dibujo de sus figuras estilizadas. Giacometti en la mirada de Andrés Mérida observador, como el dibujante excelso y maestro escultor que no juzga, dejando que lo que ve salga a la superficie respondiendo a la seducción de su mano. Es el proceso con el que disfruta nuestro pintor, mientras explora en cartones todas las improvisaciones posibles: líneas, curvas, geometrías, flujo, oscilación y también relámpagos de color, explosiones, destellos. Un magma que colecciona en cartulinas, cada cual de una cromática piel, y que sin duda merecen una exposición particular. El universo secreto de Andrés y sus metamorfosis a Mérida, cuando esos apuntes se despejan, se rebelan y revelan audaces para un lienzo en el que crecer aparte entre la exactitud y la liberación. Muchas de esas caligrafías del dibujo y de la sinestesia emocional del soplo y el santiamén es lo que podemos contemplar con placer en su obra. Su esencia explicada en lo anterior, culminada en cuadros en los que se funden lo onírico del surrealismo, cierto aire de realismo fantástico y una pasión por el color como atmósfera, temperatura e identidad.

Garabata
Serpentino
Puro garabato

La obra de Andrés Mérida ha sido definida de un lirismo expresionista, que en algunos de sus cuadros es patente, incluso cuando nos fijamos en sus figuras estilizadas hasta el punto filiforme de las de Giacometti, a quien tanto admira, con la piel en ebullición de carne viva, sin que nuestra conciencia perceptiva sepa bien si se están disolviéndose o mudando de movimiento y carnalidad. Pero a mí me evocan más un halo de personajes narrativos, de criaturas de un noctambulismo vivencial a la deriva, cercano a la transmutación que expresan en las acciones que protagonizan, en las emociones que nos transmiten, en el momento de falsa quietud que habitan  y al que nos invitan a sumarnos. Deja de mirarme, de ser espectador, entra en el lienzo y ven conmigo de copas, de noche, de coso en combate, de galanteo suave, de locura en monólogo, de abrazo sensual o de cante. Es lo real y lo simbólico, que pueden sumarse en viñetas plásticas de un relato que empieza en cada cuadro.

Paladar y regalar
Y se quedó dormida
La dudona

Veamos su palmero en éxtasis, con el jaleo de sus manos invocando a la luna, el duende y el vientre en la garganta. Un gallo rojo del flamenco como sangre de fiesta donde celebrar la madrugada. Y, al otro lado de la pasión del fandango, el martinete azul del desgarro, otro maestro con la mariposa del dolor entre las palmas que zapatean el aire. De cerca, pensativo, cómplice, un donjuán hace tiempo evoca, aguarda lo que busca, la ciudad despierta lo espera hacia dentro. Tres cuadros y una historia con la que cada espectador puede construir la estructura de su propio juego, porque Andrés Mérida les dispone barajar a su antojo los naipes pintados. Existenciales, gozosos, insinuantes. Y en muchos casos con referencia al doble, explícito en muchos de ellos, donde el cubismo igualmente se esboza. A veces dentro del mismo, como en ese poderoso Autorretrato, y otras veces en una contraposición del mismo personaje temático, dispuestos como una secuencia narrativa. En todos cobra también importancia la escenografía de fondo: lo mediterráneo y lo urbano. El azul de Málaga mezclado con su azul gaditano. Uno frío y abierto, recogido y templado el otro. Por eso, el azul Mérida tiene mucho de introspectivo melancólico y un pellizco de misterio en el que cualquier emoción secreta sucede. Lo mismo que lo urbano es la línea de tierra donde la mirada se sostiene y medita. El influjo de lo arquitectónico —Nueva York esbozado en sus torres y puentes— que subyace en la coreografía eficaz del dibujo entre lo simple y lo complejo. Lo reconocible y lo evanescente.

Flamencura
Aburrimiento

Sus obras, protagonistas del universo plástico de este artista, que nos regala  igualmente interesantes garabatos a modo de abstracción del dibujo y al que le gusta dejarse llevar por esa mancha del big bang de la que surge cada cuadro, para llevarnos a nosotros a un universo poético donde la tensión y el recogimiento pretenden el hechizo de un instante donde su pintura nos cuente y nos embruje. 

Va por ustedes, y por Andrés también.

Guillermo Busutil.
Escritor, periodista y crítico literario.

Ahora mismo,  y hasta el 12 de marzo, tiene una Exposición retrospectiva de sus últimos 10 años de creación, en el  Museo de Arte de la Diputación de Málaga en Antequera.

www.andresmerida.com

Instagram: andresmerida64

Facebook: Mérida Andrés

Youtube: Andrés Mérida Art

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