ARQUITECTURA: Historia de los tejados de paja y la cañota

Entre los años 5000 y 1800 AC los primeros cazadores-recolectores colonizaron el área entre el Mar del Norte y el Mar Báltico. El creciente número de personas causo una creciente demanda de alimentos, lo que rápidamente llevó a una escasez de la vida contemplativa a la necesidad de desarrollar estrategias alternativas de supervivencia. La gente se volvió sedentaria en pequeños lugares donde encontraron las condiciones más favorables para sobrevivir, por ejemplo, en las cálidas y fértiles regiones costeras y en las orillas de los ríos.
La gente ideó domesticar y criar animales salvajes. Aprendieron a cultivar, cosechar ciertas plantas y comenzaron a descubrir el mar como una fuente adicional de alimento: salieron al mar en barco, pescaron y recogieron moluscos.Los cazadores-recolectores se protegían del viento y el clima en cuevas, cabañas, yurtas, o incluso simples madrigueras cubiertas de ramas. A medida que los hombres seguían sus recursos alimenticios, necesitaban vivienda móvil y ligera.
Los agricultores, ganaderos o pescaderos, sin embargo, requirieron un tipo diferente de vivienda y longevidad, la no movilidad, se convirtió en el foco principal.
En consecuencia, se emplearon otros materiales de construcción, en lugar de usar pieles, hojas y ramas, los hombres comenzaron a construir con cañas, palos, troncos, césped y pastos de bálago (estos son pastos de cosecha, como el trigo, el centeno…). Las características de la caña como planta acuática, hicieron de este material de construcción natural robusta, una opción excelente para el tejado.

Las primeras casas con techo de paja fueron construidas en las zonas de asentamientos germánicos, que en la Nueva Edad de Piedra estaban situadas en lo que hoy es el sur de Dinamarca.



Estas primeras casas básicas, sólo tenían un techo o una cresta con una chimenea abierta situada en el centro de la habitación. La chimenea constituía el centro de la vida domestica: otorgaba calidez y luz. El humo resultante de la chimenea resulto ser de ventaja para estas casas. La alta concentración de creosota en el humo conduce a un aumento de resistividad contra el fuego y las chispas que vuelan. El humo secaba y conservaba tablas, vigas y caña. Endureció la madera, la protegió contra la infestación de plagas, mantuvo los insectos alejados, seco la cosecha y curó el pescado y la carne. El humo escapaba a través de las grietas en las paredes y por un agujero conocido como “el agujero del búho” situado en el pico del aguilón. Por supuesto, una casa tan humeante también tenía sus inconvenientes: muebles ennegrecidos, ojos llorosos y dificultades para respirar, estaban entre las desventajas, así como el hollín y el goteo de chorros negros durante las mañanas húmedas o de fuerte calor.
La construcción del techo era bastante simple. Los troncos redondos servían como vigas, ramas y palos como listones. La caña se sujetaba a la subestructura con varillas. Las paredes consistían en adobes, en estructura enrejada, o arcilla.

La minería de metales y otros desarrollos en el campo de la metalúrgica influyeron en los métodos de construcción. En la Edad de hierro (500 aC a 0 aC). Clavos, pernos, aros, y herrajes metálicos permitieron a los constructores utilizar nuevas juntas en sus construcciones de madera. El techo de paja, ya probado por el tiempo, adquirió nuevas técnicas sobre las techumbres, adaptándose a los nuevos bastidores y subestructuras.
Estas nuevas posibilidades de construcción permitieron construir casas más grandes y dividirlas en diferentes secciones. Anteriormente las casas solo consistían en una habitación individual, ahora se dividen en espacio vital y establos. El tamaño y el diseño de la casa dependían esencialmente del clima y del número de ganado. Ambos factores afectaron el rendimiento de la cosecha y los suministros necesarios.

En la Edad Media (500 – 1000 dC) surgieron numerosas ciudades y rápidamente se convirtieron en centros de vida económica, política y religiosa.
El aumento de la población provocó una creciente demanda de alimentos, que a su vez influyó considerablemente en la construcción de edificios. Con el fin de aprovechar al máximo el limitado espacio dentro de las murallas de la ciudad, surgió un desarrollo de edificios más denso, con casas de varios pisos. Diferentes jerarquías de población, idearon diferentes diseños de acuerdo a sus necesidades. Los ayuntamientos, los monasterios, las iglesias y las casas de los ciudadanos ricos eran de ladrillo o piedra de cantera. Las casas del pópulo se siguieron perfeccionando y construyendo con madera, arcilla, cañotas u otros pastos. Pero los incendios empezaron a ser muy frecuentes en las ciudades, se propagaba fácilmente de casa en casa y con demasiada frecuencia causaba daños devastadores.
Con el paso del tiempo, en las zonas urbanas, los edificios de piedra con techo duro reemplazaron las casas de madera con techos de paja. En algún lugar pude leer, que no fue hasta 1770 cuando desapareció el último edificio con tejado de pasto en la ciudad de Londres.
En el campo, sin embargo, el techo de paja mantenía su importancia, pero sufría la dejadez de transmitir el conocimiento de las técnicas y manejos del saber hacer. Surgían nuevos oficios y materiales, se le fue dando cada vez más la espalda, pero no por todo el mundo ocurría esto, en la misma España, aunque sufrió esta decadencia, las clases más desfavorecidas y la mano de obra del campo necesitaban preservar este conocimiento, ya que sus viviendas así lo requerían. Pero como tantas otras cosas, cuando llegaron los años 60, estas construcciones también empiezan a desaparecer por completo, hasta el punto qué, apenas se cuentan con los dedos de una mano las chozas que quedan en pie en los años 70. Suerte tuvimos que algunos románticos, trotamundos, soñadores, bohemios, aventureros, gente de bien y amorosas, nos arrimamos a los que aún conocían algo del oficio, y con mucha fuerza y constancia hemos conseguido salvaguarda una parte muy importante de nuestra historia, y de la arquitectura en general, espero que todo este esfuerzo se vea recompensado, y que algunos jóvenes quieran y apuesten por este noble oficio de Maestro Chocero.

Facebook: Antonio Gandano

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