
Gerardo Rodríguez Salas (Granada, 1976) es catedrático de Literatura en lengua inglesa en la Universidad de Granada, máster en Estudios de Género por la Universidad de Oxford y Premio Extraordinario de Doctorado. Ganador del III Premio Internacional de Poesía Marpoética y finalista en tres ocasiones del Premio Andalucía de la Crítica, así como del III Premio Internacional de Poesía de Fuente Vaqueros, ha publicado los poemarios Oxford Circus (Visor, 2025), Los hilos de la infamia (Valparaíso, 2024) y Anacronía (Valparaíso, 2020), la colección de relatos Hijas de un sueño (Esdrújula, 2017) y el texto teatral Vulanicos (Patronato Federico García Lorca y Diputación Provincial de Granada, 2021). Sus poemas han aparecido en revistas nacionales e internacionales como Zenda, Círculo de Poesía, Altazor, Extramuros, Esteros, Santa Rabia Poetry, Estación poesía, Aullido o Vórtice. Asimismo, ha participado en más de 20 antologías, entre otras, Granada no se calla (Esdrújula, 2018), Caballo del alba: Voces de Granada para Federico (Patronato Federico García Lorca, 2018), Katherine Mansfield Studies (Edinburgh University Press, 2020), En-Contra-Dos (Sonámbulos, 2021), Para decir amor, sencillamente: Homenaje a Rafael Guillén (Diputación de Granada, 2021), metAMORfosis (Antología de textos contra la violencia machista; Diputación Granada, 2023), El tiempo, lo soñado y lo real: Homenaje a José Ignacio Lapido (Comares, 2024) o Averroes: La luz de la razón (Berenice, 2026). Sus textos han sido traducidos al francés, inglés, italiano, portugués y árabe.
URDIDOR
Cuando abriste los ojos
de madrugada, él no estaba allí
vigilando tu sueño, él no estuvo
allí, a tu lado, nunca
desde que un día
olió la pena a gasolina.
Cuando abriste los ojos
de madrugada, él no estaba allí,
sólo tú con la noche, sola tú,
por qué me dejas
sola, sin ti, sin él, sólo la noche,
sólo el hueco en la almohada,
solos los tres.
Cuando abriste los ojos
de madrugada, él no estaba allí.
Bajaste la escalera persiguiendo
las migajas del cuento, aquella luz
temblando en la ventana, aquella luz
tejiendo cada noche en los telares
plomizas telarañas.
Cuando abriste los ojos
de madrugada, él estaba allí
urdiendo insomnes hilos, palpitando
al son metálico de aquella rueda,
lentamente enredado en su bobina,
en el ensueño gris que nos deshizo.
(de Anacronía, 2020).

CUPPA
somos hijos del frío
cuando llegamos a un país que no
nos nombra
sólo suenan las fieras consonantes
de un idioma plomizo, tintinean
cristales afilados
la lengua madre
con sus letras de piel
que ya no abrigan
en la ciudad donde los libros nunca
duermen no habrá lugar para vosotros
que aprendisteis la vida sin renglones
aquí tan sólo hay frío
el papel arrugado
que sostienes en tus dedos de escarcha
aquí ladrillos
rojos, paraguas que no os salvarán
de esta lluvia
que suena diferente
que os moja silenciosa
os moja
aquí, ahora
pues no ha venido nadie
a recogeros
sólo ladrillos
rojos, muchos ladrillos, mucha
gente de piedra
college, college, dices
con acento extranjero en la ciudad
de infinitos colegios, tus palabras
mojadas antes de salir
de la boca
otra vez
la mirada del conductor, la misma
mirada en otros ojos, muchos ojos
mucho frío
bus stop
nadie os espera
en la ciudad donde las togas nunca
duermen no habrá lugar para vosotros
que venís del jardín de las manzanas
él guarda con su vida las maletas
dentro el jamón envasado al vacío
aquel olor a pueblo que viajó con vosotros
tú entras en el pub
desecha ya la permanente
debes pedir
usar
el idioma que nunca
aprendiste
señalas a un señor con su taza de té
—¡té, té!—
te vas directa al baño
en busca de otra lluvia
que suene como siempre
afuera las maletas
en la ciudad donde las nubes nunca
duermen no habrá lugar para vosotros
que venís del brasero y de la infancia
somos hijos del frío
incluso bajo el sol
aún busco los versos
en mi maleta
que os salven de esta lluvia
y os devuelvan a casa
(de Oxford Circus, 2025)

MI JARDÍN
hoy caerán
al suelo las manzanas
del árbol que inventaste
y no me asustará
tu robusta serpiente
siseando mi miedo
ni lloraré tendida
en la alfombra
mientras juegan los niños
a la Play
en el Edén
y no habrá bardos
que dicten mi historia
ni temeré a los jueces
que miran a otro lado
ni tragaré las lagrimas
que hundieron a esta Eva
que hoy alza la voz
y seré yo quien muerda
las manzanas
que cayeron del árbol
quien repte hasta la copa
sabiendo
que tú sabes
que es mío este jardín
y ya no habrá
manzanas
sino flores
y una mujer
que hoy sisea
en tu oído
sin miedo
(de metAMORfosis, 2023)

ENREDADOS
Had we but world enough and time,
This coyness, lady, were no crime.
(Andrew Marvell, ‘To his coy mistress’)
En Twitter no me sobran caracteres,
en Facebook entre muros somos reos,
en Instagram, stories y escarceos,
tus emails me parecen misereres.
No somos ya millennials, cómo eres,
Snapchat y TikTok son tus cameos,
no siento por Skype nuestros deseos,
Tinder quizá nos traiga otros placeres.
¿Por qué levantas pérfidas murallas
y almacenas en Dropbox mi cariño
plegándome en carpetas con tus miedos?
Hartos de postureo y de pantallas
―no te enfades conmigo, no te riño―
del Whatsapp son los callos de mis dedos.
(de Versos al amor de la lumbre, 2021)

NUNCA
El olvido es el pájaro que vuela
bajo el suelo
sumido en las raíces infinitas
del árbol deshojado.
El olvido es la anciana con los ojos vacíos,
las arañas que tejen nuevos párpados
cerrados, nuevos duendes
que urden bruma
en las ramas del mito.
El olvido es el diente que desgarra la noche
que sangra moribunda,
que llora gotas negras
que no se ven pero que gritan
sin voz y que arden húmedas
dentro, muy dentro…
¿Quién es la antípoda de quién
si tú saltaste al mar desde aquel árbol
saliéndote del mapa sin dejar
siquiera anchura a este vacío?
El recuerdo es la sombra
torpemente zurcida a los talones
y el olvido la piedra
que no termina nunca de caer.
(de Anacronía, 2020)
