

Color, naturaleza, cultura urbana y una mirada conectada con su tiempo. Julieta XLF lleva más de veinte años construyendo un universo propio que ha viajado por medio mundo, desde aquellas primeras piezas pintadas durante sus años de intercambio en Sicilia y Chile hasta grandes intervenciones, museos, galerías y ferias internacionales. Ecología, feminismo, diversidad y sostenibilidad atraviesan una obra en la que la belleza nunca está desligada de aquello que la artista quiere contar.
Julieta XLF observa mucho antes de pintar. Mira el lugar, su arquitectura, lo que crece alrededor, las especies que lo habitan, su cultura y las historias que pertenecen a ese territorio. Viaja, dibuja, reúne imágenes y referencias. Después llegan las formas y el color.


Ese proceso ayuda a entender por qué su trabajo se reconoce casi de inmediato y, al mismo tiempo, consigue relacionarse con lugares muy distintos. La mujer ocupa el centro de su universo visual, acompañada de animales, vegetación y criaturas imaginadas que conviven en composiciones orgánicas, llenas de ritmo y movimiento. Hay algo onírico en ellas, pero también una observación muy atenta del mundo real.
El color es una de sus principales señas de identidad. Julieta habla de él como energía, frecuencia y vibración y le interesa su capacidad para alterar la percepción de un espacio y provocar una respuesta antes incluso de que intentemos interpretar la imagen. Color, ritmo, naturaleza y movimiento forman un vocabulario que ha ido evolucionando con ella durante más de dos décadas.

De la cultura urbana al circuito internacional
Detrás de Julieta XLF está Julia Silla, nacida en València en 1982. Estudió Bellas Artes y posteriormente un Máster en Ilustración en la Universitat Politècnica de València. Su formación se abrió desde muy pronto hacia el arte público, la escultura, la performance, el cuerpo y el movimiento, con talleres junto a artistas como Marina Abramović o Patty Chang.
Su relación con la pintura en la calle comenzó, curiosamente, lejos de casa. Los dos primeros años los vivió entre Sicilia y Chile, durante sendas becas de intercambio. Allí aparecieron algunas de sus primeras piezas y, sobre todo, descubrió en el graffiti algo que iba mucho más allá de pintar una pared: una cultura basada en compartir, viajar, ocupar el espacio público y conectar con otras personas. Esa filosofía le permitió conocer a grafiteros y artistas urbanos de otros países y empezar a formar parte de una comunidad internacional mucho antes de que las redes sociales facilitaran esas conexiones.




A principios de los 2000 pasó también a formar parte de XLF, uno de los colectivos ligados a aquella primera escena del postgraffiti valenciano. Compartían estudio en el Carmen y encontraron en solares, medianeras y paredes de la ciudad lugares en los que experimentar y desarrollar un lenguaje propio.
Julieta fue además una de las primeras mujeres de aquella escena, en unos años en los que el graffiti y el arte urbano eran territorios especialmente masculinizados. La calle le dio también algo que continúa siendo fundamental en su trabajo: contexto. Una obra empezaba a relacionarse con un edificio, un barrio y con personas que podían encontrársela cada día sin haber decidido previamente ir a ver arte.




Aquellas primeras conexiones iniciadas entre Sicilia, Chile y València fueron ampliándose hasta convertirse en una trayectoria verdaderamente internacional. Desde 2004 ha trabajado en países como España, Francia, Italia, Reino Unido, Portugal, Serbia, Países Bajos, Luxemburgo, Chile, México, Perú, Bolivia o Estados Unidos, y ha participado en festivales y encuentros como Grenoble Street Art Festival, Upfest en Bristol o Underground Effect en París.
Su obra ha entrado también de manera natural en el circuito contemporáneo. Ha expuesto en Vertical Gallery de Chicago, en Lucie Chang Fine Arts de Hong Kong y en galerías y centros de arte de distintas ciudades europeas e internacionales. Con Lucie Chang Fine Arts ha participado además en ferias como Art Shenzhen y Jakarta International Expo, mientras que en Madrid ha estado presente en JustMad.
Ese recorrido ha situado su nombre entre las creadoras reconocidas del muralismo contemporáneo. Julieta XLF ha sido elegida entre las 50 mejores muralistas del mundo y aparece además en Street Art by Women: 50+ Essential Contemporary Artists, publicación dedicada a más de cincuenta creadoras internacionales del graffiti, el street art y el muralismo.



Más allá del muro
El gran formato ha dado una enorme visibilidad a su trabajo, pero explica solo una parte.
Julieta pinta, dibuja, ilustra, trabaja sobre lienzo y papel, recorta, superpone materiales y construye piezas. Desarrolla obra de estudio, proyectos expositivos e intervenciones concebidas específicamente para una arquitectura. Cambian la escala, el tiempo y los materiales, pero permanece un lenguaje reconocible.
Exposiciones como Marea, De Aire y Agua, 8M y cada día, Cromatismo del Dolor o Traslúcidas permiten seguir esa vertiente de su producción y su relación cada vez más fluida entre la calle, el estudio, la galería y el museo. Su trabajo ha pasado por espacios como el MuVIM y el Centre del Carme, además de galerías y ferias de Europa, Asia y Estados Unidos.
En los últimos años ha explorado también escalas muy distintas: desde obra concebida para espacios expositivos hasta grandes intervenciones como el proyecto desarrollado sobre el suelo del Centro Comercial El Saler, un edificio de nueve plantas para València Innovation Capital o su trabajo en los históricos Tivoli Gardens de Copenhague.




Color, naturaleza y conciencia
La naturaleza atraviesa prácticamente toda su obra. Aves, peces, plantas, flores y formas marinas rodean a esas mujeres que protagonizan su imaginario hasta construir pequeños ecosistemas propios. Cuando trabaja en otro territorio le interesa conocer su flora, su fauna y su cultura e incorporar parte de ese imaginario a la obra.
Detrás de esa fascinación existe una conciencia ecológica y medioambiental cada vez más explícita. Biodiversidad, sostenibilidad, consumo responsable o fragilidad de los ecosistemas forman parte de su manera de mirar y de entender la práctica artística.

El feminismo recorre su trayectoria de una forma igualmente natural. La mujer ha sido protagonista de su obra prácticamente desde sus comienzos y ha ido transformándose con ella. Aquellos primeros personajes más vinculados a la ilustración fueron creciendo, cambiando y adquiriendo una presencia cada vez más consciente dentro de sus composiciones.
No es casual que sean ellas quienes ocupen el centro. Julieta comenzó a pintar cuando apenas encontraba mujeres a su alrededor en la cultura del graffiti. Con los años, la creación de referentes, la igualdad, la visibilidad femenina y la violencia contra las mujeres han entrado de forma directa en proyectos como 8M y cada día, Women on Science o Traslúcidas.
Y lo hace sin abandonar el color, la fantasía ni una ternura que forma parte esencial de su lenguaje. Una ternura que no significa fragilidad ni ingenuidad, sino otra manera de abordar cuestiones profundamente contemporáneas. Lo mismo ocurre con la diversidad, la educación o la sostenibilidad: no aparecen como una lista de valores añadida a la obra, sino dentro de aquello que decide mirar y contar.



Ahí quizá estén sus señas de identidad más claras: autenticidad, color y cultura urbana, pero también naturaleza, energía, feminismo, conciencia ecológica y una enorme curiosidad por los lugares y las personas con las que trabaja.
Más de veinte años después de aquellas primeras paredes entre Sicilia, Chile y València, Julieta continúa moviéndose entre la calle y el estudio, el pequeño formato y la arquitectura monumental. Cambian las ciudades, las técnicas y las dimensiones; permanece una forma muy personal de mirar y de conectar aquello que encuentra a su alrededor con aquello en lo que cree.

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