La expresión artística que se mantiene de manera constante en mi vida es el dibujo. De ahí arranca todo lo demás. El dibujo a lápiz y la línea son mi herramienta de juego, pensamiento y reflexión. También, a veces, son un barco a la deriva o un submarino que viaja a las profundidades.
Mi obra se puede dividir en dos grupos según su punto de partida. Puede partir del encargo, respondiendo a unas necesidades externas y una función concreta, normalmente ligada a la ilustración editorial o la cartelería. O puede partir de mi propia inquietud, momento vital o curiosidad, en cuyo caso, estas obras pueden ser lienzos, bordados, dibujos, collage, libros, o una mezcla de varios de estos lenguajes, y lo englobo en lo que yo llamo mi obra personal.

“Me sobra todo”. 100 cm x 100 cm. 2013 (hilo y acrílico sobre lienzo)
Uno de los materiales con los que más he trabajo y con el que sigo investigando hoy en día es el hilo: lo utilizo, al igual que el lápiz, para dibujar a través de su línea. El hilo es un poderoso material que ofrece más posibilidades de las que una imagina en un principio. Puedes deshilacharlo sacando diferentes hebras o cortarlo y crear con él una especie de vello suave. Puedes dibujar con diferentes grosores según el número de hilos que utilices y, además de coser sobre tela, también se puede pegar sobre otros soportes ofreciendo una línea más continua que con las puntadas. O bien, puedes conectarlo a otros puntos que traspasen los límites del marco. Por otro lado, a nivel simbólico, el hilo me habla de reparación, de remiendos, de lentitud y presencia, de flexibilidad y firmeza, y del legado femenino.
Cuando me inicié en el uso de este material vivía en la ciudad. Hacía poco que había terminado la carrera de Bellas Artes y me encontraba en una búsqueda de identidad que ahora, echando la vista atrás, pienso que me mantenía en una especie de ensimismamiento. Las horas de trabajo en el estudio volaban autorretratándome a través de la fotografía para sacar los bocetos de los que saldrían estas figuras hiladas que se mueven entre la calma y la tensión sutil.


En 2019 dejo la ciudad y me traslado a vivir al campo. Tras unos años sin tocar el hilo para crear, vuelven las ganas de experimentar con él, pero representando otras escenas, donde el cambio de entorno se manifiesta a través de nuevos materiales que introduzco en mis obras. También aparece el color. Ahora no me autorretrato, hablo de otras mujeres, que son la misma, la madre, la creadora, la que cuida y transforma con sus manos su realidad, la que nutre el mundo que la rodea y al que pertenece. Entran aquí nuevos conceptos e ideas que sobrevuelan mis obras: territorio, memoria, paisaje, pertenencia…

(hilo, acrílico, vegetación y papel japonés sobre lienzo)

(hilo, acrílico y corteza de eucalipto sobre lienzo)

(hilo, acrílico, vegetación y tinta sobre lienzo)
Sobre el papel, mis juegos son otros. Exploro con el collage utilizando, además de elementos vegetales, copias de cartografías y papel vegetal, cuya transparencia, un poco fantasmagórica, me permite la superposición de veladuras para hablar de otras capas, las de la piel y lo que en ella llevamos escrito y que forma parte de nosotras y de nosotros, de nuestra memoria y nuestro hacer.


Me encanta dibujar manos, se puede contar mucho desde ellas. A veces, juego internamente a adivinar la historia de una persona observando sus manos, su exposición al sol, sus arrugas, sus callos, sus uñas… Me resultan realmente expresivas y sugerentes.

Y hablando de manos, doy ahora un salto al formato libro. La primera obra personal que realicé al trasladarme al campo fue “Reverdecer”, un libro acordeón ilustrado que se publicó en 2021 y que recoge seis escenas dibujadas con lápices y acuarelas, y acompañadas de seis frases que ofrecen una especie de recorrido inspirado en mi propia relación con la naturaleza, donde la figura de nuevo interactúa y se mezcla con el entorno. Y donde cada escena y acción guardan un aprendizaje.


La ilustración me anima a ejercitar la escritura y la posibilidad de ficcionar mis inquietudes en forma de historias. Esto lo descubrí creando mi primer álbum ilustrado, “Toctoc el armadillo”, un cuento pensado para público infantil que vio la luz en 2017 y que me ha traído muchas alegrías desde entonces. Este libro ganó el segundo premio al mejor álbum ilustrado infantil en lengua española en la XXI Edición del International Latino Book Awards en 2019.

Crear una imagen a partir de un concepto no es tan diferente a ilustrar un texto si el texto es propio. Cuando el texto viene de fuera, es ahí donde siento que entro en el oficio de ilustradora. Requiere el trabajo de hacer tuyo el texto, enriqueciéndolo y ensanchando la historia mientras cuidas de la esencia de la misma. Hasta ahora he tenido la suerte de contar con bastante libertad a la hora de crear las imágenes de una historia, pudiendo dejar volar mi imaginación para darles vida a sus personajes y nutrir sus lugares. Descubrir las posibilidades creativas del álbum ilustrado, en particular, y de la ilustración, en general, me ha brindado un espacio amable e inspirador donde confluye mi necesidad de dibujar con la de generar economía. Y al desarrollar este oficio de ilustración por encargo descubro la pintura digital. Con ella me siento más libre en el uso del color y mi paleta se va ampliando.

Poco a poco, los proyectos en los que me voy involucrando revelan un enfoque feminista, ecológico, comprometido con los cuentos de tradición oral, la recuperación de la sabiduría del entorno rural y su diversidad. Nacen libros como “Cuentos de la Experiencia”, “Una Mina de Cuentos”, o “Cuentos de la Memoria de Alcalá de Guadaíra” basados en la recogida de los recuerdos de personas mayores en pueblos de Málaga, Huelva y Sevilla sucesivamente, con textos de Diego Magdaleno.



Me interesa especialmente visibilizar historias donde los personajes femeninos cobran protagonismo, mujeres y niñas autónomas y diversas, que tienen voz propia.
Y en 2023 tuve la suerte de ilustrar “La Cuidadora de Palabras. Vida de María Moliner” escrito por Alejandro Pedregosa y publicado por la editorial Kalandraka. Un recorrido a través de la vida y obra de esta gran pionera que realizó la titánica labor de escribir un “Diccionario del uso del español”.


Otra faceta que la ilustración me permite desarrollar y que disfruto muchísimo es la cartelería. He diseñado carteles para festivales de narración oral, el Día de la Danza o el Día de la Biblioteca. Me resulta muy estimulante condensar la identidad de un evento, por ejemplo, en una imagen, y como cuento también con las herramientas del diseño gráfico y maquetación, puedo abordar este tipo de encargos con más libertad, construyendo diálogos entre imagen y palabra.



Vivir de la creación artística no es sencillo. En mi caso, ha supuesto muchas renuncias para poder aunar vocación y profesión. De este modo, el tiempo de trabajar lo puedo invertir, en gran parte, en dibujar, aunque luego descubres que hay muchas otras tareas necesarias que no tienen que ver con el dibujo ni la creación. Abrirse camino en este sector requiere mucha disciplina, constancia y voluntad. Esta forma de vida está llena de incertidumbres, pero tengo la certeza de que mi voz se acerca más a su verdad a través del lápiz, y que gracias a este encuentro hallo mi manera de estar en el mundo.
NJOY Art!